Embrujamiento Luminoso “El Árbol y los Naif”

Gastón Diehl
Presidente del Museo de América Latina
Monte – Carlo Mónaco

 

Entre los motivos generalmente escogidos por los pin­tores de pintura naif y apreciado grandemente por el públi­co, sobre todo de América Latina, figuran las diversas cere­monias o fiestas populares, las villas con sus casitas, sus pequeñitos lugares, sus Iglesias, etc., que han hecho evocar a través de las fantasías o de la imaginación del artista un tiempo detenido, un momento en una época tranquila ya pasada o en vías de desaparecer dejando pasar el modernis­mo de la civilización.

 

El aporte de los naifs de la mayoría de los países, surge particularmente precioso, como memoria de un mundo cambiante, que una mirada candida -tal vez menos de lo que uno cree- asienta en la eternidad hasta en sus más pequeños detalles.

 

Es sin duda alguna, un cuidado de precisión minuciosa, casi apasionado, que procura el mejor encantamiento de la evocación de las multitudes recogidas y entretenidas que enfrentan las callejuelas desiertas.

 

El comportamiento de ISIDRO CON WONG, silo relacionamos en una buena parte a la familia de los naifs, es no obstante distinto y es situado sobre un plan que yo calificaré gustosamente como superior. Ante todo nosotros hemos constatado, aquí en Mónaco, la tenacidad, el deseo de sobrepasar de corazón a través de numerosos años los vere­dictos sucesivos. Por otro lado, con una paciencia similar, el no ha cesado de mejorar su técnica y más aún su temática tan particular donde se afirma su personalidad.

 

Con aquella fineza, tan sensible de refinamiento donde se revela su he­rencia del Extremo Oriente, siempre conservando un frescor extremadamente sensible, él ha logrado realizar un conjunto atractivo. Sus composiciones con un carácter casi decorativo son constantemente renovadas por el dominio que manifiesta en el uso del acrílico, tratado con una delicadeza y un gusto de grandes armonías luminosas.

 

De este modo nosotros, incansablemente, nos recreamos con sus maravillosos paisajes, de aire visionario, siempre parecido y a la vez diferente. Paisajes fantásticos donde se mezcla la exhuberancia vegetal de los trópicos, los tranqui­los rumiantes pastando, transfigurados por los llamativos colores.

 

En sus paradisíacos jardines, con los familiares animales, nos transporta a otro universo. Nosotros concede­mos a tan genuino embrujamiento poético la particularidad de no cansarnos nunca de tanta diversidad tan rica y sutil.

<< Volver