Isidro Con Wong y su Naturaleza

Roberto Cabrera Padilla
Critico de Arte de Guatemala

 

Al sur de la Península de Nicoya, en el distrito de Paquera que pertenece al cantón Puntarenas en la provincia del mismo nombre, Isidro Con Wong trabajó por mucho tiempo como agricultor, ganadera, pescador y maderero, en una propiedad familiar en el sector Gigante, con vista al Golfo de Nicoya. Eran unas ochocientas manzanas de terre­no con mucho sitio abierto y ganado arisco cuando llegó. Tuvo que repastar para la cría de ganado ya enraizado de tipo cebuíno. Sembró mango injertado, plátano, arroz en secano y metió algo de maquinaria agrícola. El terreno tenía una parte plana y otra de montaña, bajura y cerros. Este fue su refugio y sh reserva natural que encontró medio silvestres. Ahí metió vacas, toros, caballos, cabros, cerdos y aves de corral. Ahí, al lado de Punta Gigante y frente a la Isla Muertos en el Golfo de Nicoya, se hizo pescador. Ahí, en los cerros y planicies, se hizo maderero y conocedor de la flora y la fauna regionales.

 

La pintura de Con Wong no puede apreciarse sino se piensa en esa naturaleza y los ecosistemas que cobijan sus obras, como parte integral del Área de Conservación Tempisque del Servicio de Parques Nacionales, en lo que son la Reserva Biológica de las Islas del Golfo de Nicoya y el Refugio Nacional de Vida Silvestre Curú, con toda su fauna y flora, sus bosques, puntas, esteros y playas. Reservas biológicas y refugios de vida silvestre en cuyos bosques deciduos y semideciduos, aún se encuentran maderas de ceibo, Cristóbal, guapinol, pochote, ronrón, indio desnudo y otras especies, aparte del manglar y la vegetación de playa. Naturaleza que cobija muchas especies de aves marinas como pelícanos tijeretas de mar, gaviotas, piqueros, halco­nes y muchas otras. Naturaleza marina cuajada de ostras, langostas, cambutes, cangrejos, quitones, percebes y gran variedad de peces.

 

Este es el mundo primigenio de Con Wong, aparte de toda su ascendencia hacina paterna, que desde Cantón llegó a Puntarenas a finales del siglo pasado.. Cuando nace Con Wong en Puntarenas a principios de la década de los treinta, las primeras migraciones chinas para el trabajo de plantacio­nes y tendidos ferroviarios, son parte ya de la historia nacional, tanto del lado del Caribe como del Pacífico. Por eso, Con Wong es más costarricense que oriental, es más guanacasteco y puntarenense, porque gran parte de su vida y madurez ha estado en contacto con la tierra y el agua nicoyanas, allá en Gigante de Paquera. Por ser su pintura no puede ubicarse, sin más, en cualquier intento de explicación sobre la ascendencia o la vivencia chinas.

 

No hay que olvidar que Con Wong empezó a pintar después de los cuarenta y cinco años, en el tiempo libre que le fue dejando su trabajo como agricultor, ganadero y pescador. El mismo cuenta que dibujó en la playa con un palo y que con achiote decoró los sacos de gangoche del arroz que cultivaba. Así empezó a pintar como antes aprendió a dominar la naturaleza con el trabajo, cuando su propiedad en Gigante de Paquera, tenía mucho de silvestre y todavía se podían ver tigrillos, jaguares y venados, aparte de armadillos, garrobos, iguanas, congos, monos carablanca, monos colorados, titís, serpientes y gran cantidad de aves.

 

Con Wong empezó a pintar cuando realmente conocía lo que es un toro con giba que tanto aparece en su trabajo pintado, es decir, cuando lo pudo cruzar, mejorar, cuidar y reproducir, después de empastar sitio abierto y voltear montaña bruta en su propiedad. Después también de que, a falta de pasto, aprendió la manera de alimentar su ganado con el matón que viene luego de sembrar mucho arroz en el mismo terreno. Sabiduría de hombre del campo que apren­dió a volcar en sus pinturas todas esas referencias terrestres y marinas.

 

Por todo esto, con Wong no puede ser considerado -así por así, como etiqueta- un pintor ingenuo o naif, artista folk o campesino, primitivo o nativista, como muchos lo tratan de ubicar. Es un pintor nada más, de tipo realista no natura­lista, que testimonia lo que ha visto, conocido y hecho por mucho tiempo. Es como muchos artistas de ese tipo que, desde el Aduanero Rousseau en París, se han hecho famosos con sus pinturas instintivas y realista-utópicas, alejadas de la sociedad industrializada y los agitados espacios urbanos. Pintores autodidactos casi todos, con una pintura que empieza a manifestarse en la madurez, luego de una larga vida como campesinos, artesanos, obreros fabriles, trabaja­dores en lo propio o en servicios públicos y privados. En este sentido, Con Wong se aproxima a las visiones de la muy conocida pintora “primitiva” Grandma Moses, con su pe­queño cosmos en la existencia de cualquier granjero o colono norteamericano, que plasma retrospectivamente el mundo original de trabajo. Es un mundo de recuerdos y nostalagias de la niñez, la juventud y parte de la conciencia madurada en el trabajo, la vida y la comunicación humana. Es la obra de hombres y mujeres que se resisten a al jubilación y quieren ser la crónica o el testimonio de otra época no muy lejana, pero muy olvidada o desconocida por hijos, nietos y coterráneos.

 

La simiente estética de Con Wong  como la de todos los pintores de su género- no está en el arte de ninguna otra latitud histórica como la del arte prehistórico, medieval o primitivo. Nada que ver, igualmente, con la artes y las industrias de los pueblos originarios o arcaicos que estudia la etnografía, desde las culturas tribales y cazadoras, a los pocos pueblos que como testimonio existen aún en Australia o el Amazonas, en momentos de su exterminio por las corrientes “civilizatorias” que poco a poco llegan a ellos para la explotación de las riquezas naturales en sus habitáis milenarios. Mucho menos este arte tiene que ver con el otro, el llamado Arte con mayúscula de cualquier tiempo, su peditado a las influencias y corrientes del gusto aristocrático o burgués, de la demanda oficial o el mercantilismo privado. Es otro arte surgido para otros fruidores que se encuentran sumergidos en la tradición y la vida comunitaria: es parte del verdadero arte popular o arte del pueblo, en donde la comu­nicación y la transmisión cultural, son todavía patrimonio del común, en un espacio social en que todos son al mismo tiempo creadores y recreadores.

 

Con Wong es pintor y ya. Quizá ahora su obra, muy cotizada en el medio nacional, haya perdido algo de su original procedencia, pero en esencia sigue siendo obra muy personal en un mundo de comunicación estética con otros que pintan o fabrican objetos de carácter económico y popular: exvotos, decorados de feria, pintura mural calleje­ra, lápidas y ofrendas funerarias, talles, cerámica, tejidos y muchos otros productos, que llenan una función social inmediata o son parte de la memoria comunal. Sus cielos estrellados como juegos de pólvora; sus horizontes terres­tres y marinos que cortan islas, mares, praderas y montañas; su vegetación y anotaciones’ frutales que no pertenecen a ninguna botánica que no sea nicoyana, su manglar y vulca-nología pintados como decorados de un teatro ecológico, son registros nemotécnicos de una naturaleza que el mismo pintor supo dominar y transformar. Son escenas pintadas de lo vivido y elaborado en Gigante de Paquera, frente al Golfo de Nicoya.

 

Los toros y vacas de Con Wong, que aparecen en la distancia o en primer plano de sus cuadros, nos miran fijos al igual que cuando los vemos en la realidad al pasar frente a potreros o cercados en la región ganadera del Pacífico costarricense. Incluso podemos distinguir en su obra, si son las patas cortas de un brahmán o las patas largas del Indo brasil. El ganado prendido a las ramas de los árboles en muchas de sus pinturas, no son concesión a ningún surrea­lismo o realismo mágico, sino referencias indirectas de especies arbóreas de cuyas hojas y frutos se alimenta el ganado en las épocas secas; las ramas que como barreras aparecen en el primer plano de sus cuadros, son del manglar nicoyano que sirve para curtir cueros, hacer tinte o carbón y para refugio de fauna’ marina; el volcán que últimamente se repite en algunas pinturas, pertenece a la geología de la Cordillera Volcánica de Guanacaste, del Orosí al Arenal; los mangos que cuelgan como bombas de cristal en los portales navideños, son los mismos trasmutados que el pintor cultivó en su propiedad; las tinajas pintadas en otros cuadros, se remontan a la cerámica chorotega o aquella del Golfo nicoyano que miraron los-primeros europeos que pasaron por la Isla de Chira y que hoy los intermediarios de las ceramistas de guatil han vuelto objeto mercantil; en fin, toda su pintura se encierra en ese mundo natural que supo vivir con pasión y tenacidad, y que hoy surge como crónica de su historia personal y comunal.

 

Con todo, Con Wong no es un pintor naturalista de los que solo trasladan mecánicamente al lienzo, la epidermis de las cosas. Con Wong urga en su memoria y experiencia para recrear, sintetizar y comunicar una nueva realidad. Su color es el de un trópico seco diferente, con predominio de azules y cálidos amortiguados. Por eso algunos toros y vacas aparecen violáceos o ligeramente rojizos recortados en vegetaciones, suelos y cielos oscurecidos, saturados de flores, piedras, hojas o estrellas. Su botánica es tropical vista más de noche que a pleno sol. Su obra Ayudando a papá que luego bautizaron como Memorias de un amanecer, es toda una cronología visual del trabajo en una granja o finca familiar, donde aparecen pequeñas figuras humanas que son raras en sus cuadros: niños cuidando un diminuto hato en un paisaje de bajura. En otros cuadros el hombre -casi siempre un niño que puede ser el mismo pintor- aparece montado en la res, conduciendo la partida de ganado. Pero lo predominante en su pintura e lo silvestres o marino que, como reserva o refugio, solo permite la presencia del gana­do, símbolo de toda una región que recorre las pinturas de Con Wong, el pintor del realismo en la vida del Pacífico costarricense.

 

San José, 15 de mayo, 1991.

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